La Boca-nada.

 

No solía ponerse el sol en el mundo de la Boca-nada. No recordaba amaneceres ni atardeceres, lo que resultaba muy divertido, pues los cambios biológicos que experimentaba se debían sólo a las ganas que aquel día (siempre día) tuviese de inventarse tormentas, juegos, amantes, cualquier distracción.

En la Boca-nada vivían 32 dientes, puerta con puerta, codo a codo, pero no se hablaban entre ellos. Antiguas disputas permanecían enraizadas en la profundidad de las encías sobre las que la familia Incisivo, los Caninos, los Molares y sus parientes los Premolares proyectaban su sombra. En la Boca-nada no se escarbaba nunca en busca de antiguos dolores: la encarnecida (o enverdurada) lucha se batía en la superficie, a flor de piel y de papilas.

En la entreplanta vivía Bla, una gran señora de carnes blandas que había ocupado su lugar central desde el principio de los tiempos de la Boca-nada. Ningún diente sabía de dónde crecía exactamente Bla y tampoco entendían su idioma, por lo que se limitaban a ignorar su balbuceo constante como si se tratara de una emisora mal sintonizada en un taller de costura de inmigrantes ilegales.

Lo que los dientes no sospechaban era que Bla, bajo las órdenes de algún superior, era quien los conducía a sus batallas diarias contra los agentes exógenos. Como decíamos, la Boca-nada tenía que marcar su ciclo vital a base de peripecias de todo tipo. Todos recordaban la trompeta, el incidente del polvorón bajo el que quedaron sepultados en Navidades, el dolor que les produjeron los dos o tres cigarrillos que los invadieron; o aquella vez, hacía muchos años, en la que tuvieron que hacer frente a un trozo de carne humana en defensa propia. Oh sí, por supuesto que en la Boca-nada se diferenciaba entre un invitado y un allanador. A los invitados se les recibía con grandes honores. Bla daba pistas subliminales a sus compañeros para definir al individuo que había que derrotar. Todos allí sabían que hay infinitos modos de desarmar al contrario; algunos muy bonitos como los días de besos, que eran fiesta nacional en la Boca-nada. Los besos no necesitaban sangre y requerían la máxima coordinación entre todos los miembros, cuya concentración extrema permitía pasar de la suavidad a la furia de forma inesperada, pero satisfactoria.

Como en todo cuento hay un nudo, hay que mencionar los momentos en los que la siempre eficiente Boca-nada se trabó. Por ejemplo, un día en el que no dejaba de fluir agua hacia el fondo abismal y Bla se removía nerviosa en su desconocida base. Todos estaban inquietos, aunque inevitablemente anclados. Sentían que se enfrentaban al mayor reto de su inabarcable día, pero no sabían de qué podía tratarse. Sólo los Incisivos y los Caninos fueron testigos de lo lejos que se situaban los interlocutores. El espacio hasta ellos daba vértigo y acostumbrados a pelear contra adversarios que, como mínimo, se posaban en los labios, sintieron también miedo. La Boca-nada comenzó a castañetear. Bla se quedó inmóvil de repente y no pudo coordinar la operación. Allá afuera, se escucharon las palmas de quien aplaude con reprobación porque no queda otro remedio. Fue todo un fracaso que se atribuyó a la falta de órdenes de mandos superiores a la Boca-nada.

Sin embargo, hubo una ocasión que quedará marcada en la Historia de la Boca-nada como el culmen de la contradicción y el desconcierto. Fue el motivo por el que los dientes dejaron de comprender el idioma de Bla; la gran desgracia de la Boca-nada. Primero, porque se hizo de noche de repente (no figura porque todos fingen no acordarse); segundo, porque cayó la tristeza como un manto de arena del desierto que todos pudieron masticar con asco. Seguidamente, se filtró por una gotera un líquido salado y transparente que les corroyó el esmalte a todos como ácido. El agente exógeno era el mejor invitado de cuantos habían pasado por allí, pero no pudieron acercarse a él o mejor dicho, él no se acercó a la Boca-nada.

Bla se afiló y dijo algo que nunca olvidarán, porque nunca entendieron, porque era mentira y también era verdad:

–          Hey, acércate, que no muerdo.

Anuncios

Un pensamiento en “La Boca-nada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s