Notas para un cuento.

Otoño – Berlín.

Somos globos de helio al nacer. Volamos. Podemos con todo.

Al final acabamos estrellándonos contra el suelo, deshinchados, allí morimos.

Es difícil, no obstante, seguir una trayectoria recta. Quien vive demasiado deprisa y sin objetivos (-> fácil), corre el riesgo de irse por las ramas. La expresión proviene seguramente de esta realidad: el globo que se va por las ramas, corre el riesgo de pincharse con sus vértices y morir antes de tiempo.

Los giros de volante son espontáneos. La existencia de árboles es puramente aleatoria. ¿Los ojos bien abiertos? Pero así no se puede soñar…

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