El espejismo


“Tu suerte quiso estar partida, mitad verdad, mitad mentira. 

(…) ¿Por qué cambiaste un mar de gente por donde gobierna la flor?”
– Canción para Carito (León Gieco – Antonio Tarragó.)

Los espejismos te aíslan en la incredulidad. Te tachan de mentiroso sin remedio.

Tengo miedo de volver a toparme con su soga cruel.

Hay personas que, buscando la manera más sencilla de vivir, que sólo se encuentra sin buscar, te regalan la cuerda con una tarjeta que pregunta cómo quieres usarla. Si quieres treparla; o que sea liana; o para fabricar un ancla. Para atar, a quien te la ha tendido, en una fría mazmorra o a la forja humedecida del cabecero de una cama. Esa gente te abre las compuertas de su alma separando los dientes en una palabra, estirando los labios en una sonrisa. Tú entras, te sales, a veces -a ratos- te quedas. Más o menos eliges. Te sientes respetado y libre.

Pero sus sogas, ¡Dios! Entrabas en la casa con todos los instintos ateridos, con hambre, frío; y te paralizaban esas decisiones que se habían tomado sin ti, mientras estabas fuera. Ella no te daba una soga y esperaba a comprobar si aquel día querías ser saltarina colegiala o marinero anudador. Ella, maldita sea, la lanzaba por encima de la viga, la amarraba, hacía un lazo que medía con el contorno de su propia calavera y allí la abandonaba en su bamboleo: una imagen siniestra que te abofeteaba al abrir la puerta. Sutil, casi subliminal. Así era la horca que ella me preparaba con esmero y que situaba en el lugar más adecuado, como para que pudiera verla bien. Yo no entendía esa condena tan premeditada, ese premio inmerecido y envenenado.

Los minutos siguientes a la detección de su truco, los dedicaba a pedirle explicaciones sobre el mismo. Dejaba en el suelo todo lo que traía; me quitaba el reloj, como cada vez que hacía algo importante; me desnudaba hasta el límite de la sinceridad y le hacía decenas de preguntas al respecto, mientras ella me contemplaba con el semblante neutro, con indiferencia fingida, con una satisfacción oculta que yo alcanzaba a entrever tejida entre sus pestañas. Al callarme, me derrumbaba en una silla, buscaba con la mirada la botella de vino, pero casi nunca tenía fuerzas para levantarme a cogerla. Entonces ella se limpiaba las manos. Pasaba por mi costado, comentaba que no sabía de qué le estaba hablando y cambiaba de habitación. Yo me incorporaba y la seguía como imantado, sin saber si la causa era su perfume o un feroz deseo de reproche. Y me la encontraba allí, con los brazos en jarras, observando la viga con una ceja en alto y diciéndome: “¿Ves? No sé por qué te inventas tonterías.”

Yo miraba hacia el techo: la soga había desaparecido. Balbuceaba después alguna cosa, me sentía enloquecer del todo, caía a llorar en algún rincón y maldecía la magia oscura de aquella bruja maravillosa y de su pelo de seda y de sus ojos absolutos y de sus pechos de nácar y de sus labios supurantes de pócimas secretas, celestiales, completa y eterna y desgraciadamente imprescindibles.

“Carito, suelta tu pena / se haga diamante tu lágrima entre mis cuerdas”

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Un pensamiento en “El espejismo

  1. Se encontraba como prisionera en un sistema de coordenadas cartesianas, condenada a la presunción ajena por razones que no pertenecían a ella. Para salvar algún parte vivo de su mente el primer día empezó a llorar, y las gotas caídos le daban un andar de pacha mama acusando la revolución industrial de pillería e impertinencia. El segundo día se dedicó a repartir espejos encobertados por su habitación (y luego por todo el país, el tercer día). Canjeó cada una cosa del mundo con algo que podía tener en sus manos. La vida era una baraja, nacer un acto de necesidad o infinita generosidad, los humanos sustituibles participantes de instintos como el hambre o el frío. Desilusionada por su apariencia final, que los espejos ya no pudieron mostrar, dedico el resto de su vida a dejar crecer su pelo que al tocar el suelo se convirtieron en rama (deteniendola al suelo), en brazo de pulpo (apoderándose a cosas del alrededor), y en soga que estaba a su cuello.

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