Los que no son ella

NÚMERO QUINCE

Leí su historia muchas veces. Y entonces supe. Usted no estaba loco, don Alonso. El loco fui yo, tan conforme con este mundo depravado. Ayudé a quemar casas de su imaginación y sólo ahora sé que usted no inventaba el mundo del pasado sino el que vendrá algún día, digno, libre, felicísimo. Gracias a usted conozco la certidumbre de lo que no se ve y la necesidad de acercarlo con los actos. A punto de irse usted se arrepintió de esa aventura. Lo contradigo una vez más: usted vivió cuerdo y murió loco.

Definición de Juan Gelman en el Diccionario Quijotesco

 

NÚMERO CATORCE

– ¡Ya salió aquello! Los principios… Tú estás sentado sobre tus principios como sobre muelles, y no te atreves a hacer el menor movimiento. Mi principio es que todo depende del modo de ser del hombre. Lo demás me importa un comino. (…) Además, si vamos a juzgar a los hombres aplicándoles las reglas generales, ¿cuántos quedarían verdaderamente puros? Apostaría cualquier cosa a que si se mostraran tan exigentes conmigo, resultaría que no valgo un bledo… ni aunque te englobaran a ti con mi persona.

– No exageres: yo daría dos bledos por ti.

Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski.
Mayo de 2013.

 

NÚMERO TRECE

Ignorando mi fe o mi no-fe en la superstición, he de aclarar que el trece es una excepción casual, en la que por primera vez quiero ofrecer mis propias palabras en este espacio dedicado a lo ajeno, con (sólo) un título (y todo lo que alberga): Hoy y la alegría, de Mario Benedetti.
Marzo 2012

NÚMERO DOCE

Todo lo que he escrito sobre nosotros es mentira
No es lo que fue sino lo que yo quise
mis nostalgias detenidas en inalcanzables ramas
mi sed extraída del pozo de mis sueños
bocetos alumbrados.

Todo lo que he escrito sobre nosotros es verdad
tu belleza
o sea una cesta de frutas una mesa en el campo
cuando me faltas tú
o sea cuando me convierto en la última farola de la calle
del último rincón de la ciudad
cuando tengo celos de ti
o sea cuando corro de noche entre los trenes con los ojos vendados
mi felicidad
o sea río soleado que rompe sus diques.
Todo lo que he escrito sobre nosotros es mentira
todo lo que he escrito sobre nosotros es verdad.

Últimos poemas, de Nazim Hikmet.
Febrero de 2012.

NÚMERO ONCE

Y mírame, Pequeño Igor, los morados se van, y el odio también se va, y también el sentimiento de que todo lo que recibes en esta vida es algo que te has ganado.

Todo está iluminado, de Jonathan Safran Foer.
Enero de 2012.

NÚMERO DIEZ 

Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía ‘recordar’ para decir ‘despertar’, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América Latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta.

Patas arriba. La escuela del mundo al revés, de Eduardo Galeano.
Diciembre de 2011.

NÚMERO NUEVE

Aquél no era mi mundo: al infierno para siempre todos ellos. Dejarlo todo y volver a la normalidad: sí, aquélla sin duda era la mejor opción. El problema era que ya no sabía dónde encontrarla. ¿Dónde estaba, cuándo la perdí, qué fue de ella? La busqué por todas partes: en los bolsillos, por los armarios y entre los pliegues y las costuras. Aquella noche me dormí sin hallarla. Al día siguiente desperté con una lucidez distinta y apenas entreabrí los ojos, la percibí: cercana, conmigo, pegada a la piel. La normalidad no estaba en los días que quedaron atrás: tan sólo se encontraba en aquello que la suerte nos ponía delante cada mañana.

El tiempo entre costuras, de María Dueñas.
Julio/agosto de 2011.

NÚMERO OCHO

La pasión de decir /2.
Ese hombre, o mujer, está embarazado de mucha gente. La gente se le sale por los poros. Así lo muestran, en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas.

El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano.

NÚMERO SIETE

Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que una estrella no puede ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar.

Demian, de Hermann Hesse.

NÚMERO SEIS

Comprendió que por primera vez en su vida dudaba del sentido del mundo y, como quien renuncia a una última esperanza, dijo en voz alta, Voy a morir aquí. Tal vez estas palabras, en otros casos, si fuésemos capaces de pronunciarlas con toda fuerza y convicción, como se les supone a los suicidas, estas palabras, digo, podrían, sin dolor ni lágrimas, abrirnos, por sí solas, la puerta por donde se sale del mundo de los vivos, pero el común de los hombres padece de inestabilidad emocional, una alta nube lo distrae, una araña tejiendo su tela, un perro que persigue a una mariposa, una gallina que araña la tierra y cacarea llamando a sus hijos, o algo aún más simple, del propio cuerpo, como sentir un picor en la cara y rascarla y luego preguntarse, En qué estaba pensando.

El evangelio según Jesucristo, de José Saramago.
Febrero de 2011.

NÚMERO CINCO

“Pero en este caso, como en tantos, los medios y los fines pueden ser divergentes o estar unidos por un eslabón casual”, seguí pensando mientras cambiaba de postura y trataba de acomodar mi cuerpo al de los demás, como quien encaja las piezas de un puzzle. “A mí simplemente hoy lo que me ha pasado es que he sentido sin saber por qué la tentación de bajar al bosque a divagar, a romper lazos con lo previsible”.

Lo raro es vivir, de Carmen Martín Gaite.
Septiembre de 2010.

NÚMERO CUATRO

Se parece el Poeta al señor de las nubes
que ríe del arquero y habita en la tormenta;
exiliado en el suelo, en medio de abucheos,
caminar no le dejan sus alas de gigante.

El Albatros, de Spleen ét ideal, de Charles Baudelaire.
2008-2009

NÚMERO TRES

En la oscuridad no hay sombras. Las sombras son siervas de la luz, hijas del fuego. La llama más brillante es la que proyecta las sombras más oscuras.

Canción de hielo y fuego, de G. R. R. Martin.
Noviembre de 2008.

NÚMERO DOS

Sólo pueden sin peligro, “darse” por entero, aquellas personas que no “pueden” darse por entero, porque la riqueza de su alma consiste en una renovación constante, de suerte que después de cada entrega les nacen nuevos tesoros, porque tienen un patrimonio espiritual latente inagotable y no pueden revelarlo o regalarlo de una vez, del mismo modo que el árbol con dar entera la cosecha del año, no compromete la del año siguiente.

El secreto y la sociedad secreta, de G. Simmel.
Septiembre de 2008.

NÚMERO UNO

Creía que comprender las causas era precisamente pensar y que, sólo a través de la razón, los sentimientos pueden convertirse en compresión; es decir, que no se pierden, sino que se transforman en realidad y empiezan a madurarse.

Siddharta, de H. Hesse.
Septiembre de 2008.

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